EL COMEDOR DE BARRIO AVELLANEDA: UN EQUIPO QUE COCINA CON EL CORAZÓN
Solidaridad en tiempos difíciles
EL COMEDOR DE BARRIO AVELLANEDA: UN EQUIPO QUE COCINA CON EL CORAZÓN.
En el barrio Avellaneda, un grupo de vecinos decidió transformar su pasión por el fútbol en un gesto solidario. Desde hace seis años, sin ayuda del Estado ni empresas, sostienen un comedor comunitario que brinda un plato de comida y esperanza a más de cien personas cada semana.
En una fresca noche de octubre, nos encontramos en el comedor comunitario del barrio Avellaneda, donde los aromas del guiso recién hecho se mezclan con risas, esfuerzo y compañerismo. Allí, Marcelo, Carlos y Juan, tres de los impulsores del proyecto, nos reciben para contar cómo un equipo de fútbol barrial se convirtió en una red de ayuda que alimenta no solo cuerpos, sino también corazones.
Los orígenes en tiempos de pandemia
Marcelo, uno de los fundadores, recuerda cómo surgió todo:
“Esto fue más o menos antes de la pandemia, en 2020. Nos invitaron a participar porque se veía que la gente la estaba pasando muy mal, y decidimos armar el comedor. Empezamos dándole de comer una vez por semana”, cuenta.
Según Marcelo, el proyecto nació del esfuerzo colectivo de un grupo de futbolistas del barrio que decidieron actuar ante la necesidad. “Nos organizamos entre todos —explica—, cada uno pone un poco de su bolsillo y, a veces, conseguimos donaciones espontáneas de alimentos, pero nada fijo. Todo lo hacemos voluntariamente, a pulmón.”
Cuando se le pregunta si alguna vez recibieron ayuda del gobierno, Marcelo es claro:
“No, nunca. Preferimos hacerlo de manera voluntaria porque, lamentablemente, todo es a cambio. Si te dan algo, te piden algo. Entonces, el que quiera colaborar, bienvenido sea, pero sin condiciones.”
Carlos, otro integrante del grupo, agrega que el objetivo principal siempre fue ayudar sin esperar nada a cambio.
“Empezamos en pandemia, en un momento muy difícil, y lo hacemos de corazón. Esto tiene un impacto muy positivo, no solo en quienes reciben la comida, sino también en nosotros. Nos hace sentir bien saber que aportamos un granito de arena.”
La crisis pega, la solidaridad crece
Con orgullo, cuenta que el grupo ha crecido mucho:
“Al principio no teníamos nada, cocinábamos con lo que podíamos. Hoy ya tenemos nuestras propias ollas, quemadores y herramientas. La idea es seguir creciendo y poder sumar más días de comedor, porque la necesidad sigue.”
El trabajo no es sencillo. Cada lunes, el equipo se organiza para cocinar y repartir alrededor de 100 porciones de comida caliente. “Arrancamos a las siete de la tarde con la preparación y terminamos cerca de las doce de la noche”, relata Juan, otro de los fundadores.
Las comidas varían según el clima y los recursos disponibles. “Hoy hacemos guiso de arroz, pero si hace calor hacemos algo más liviano. Todo depende de la plata que tengamos”, explica Juan, mientras remueve una olla enorme.
El comedor no solo recibe a vecinos de Avellaneda, sino también de San Javier, Los Sauces, Ciudad Evita, Los 40 y La Costanera. “La situación del país marca el ritmo de los comedores —comenta Carlos—. Durante la pandemia llegamos a dar 120 porciones, después bajó, y ahora volvió a subir porque la necesidad está otra vez muy fuerte.”
Para ellos, el impacto va más allá de lo material. Una vez mi hijo me dijo: «Qué bueno eso que hacen, me gustaría hacerlo con mis amigos el día de mañana’. Y ahí me di cuenta de que estamos sembrando algo importante, estamos enseñando que ayudar también es una forma de vivir”, reflexiona Carlos emocionado.
Antes de despedirnos, Juan deja un mensaje abierto a la comunidad:
“Lo que más necesitamos son alimentos, mercadería para cocinar. No queremos plata, solo lo necesario para seguir ayudando. Todo esto es voluntario y lo hacemos porque nos gusta estar para los demás.”
El comedor del barrio Avellaneda es un ejemplo de que la solidaridad no necesita grandes recursos, sino grandes corazones. Entre ollas, guisos y trabajo en equipo, este grupo de vecinos demuestra que la unión y la empatía pueden cambiar realidades, una comida a la vez.
la unión y la empatía pueden cambiar realidades
Periodistas de 5to B ™: Silva Abril y Montivero Ámbar